martes, 7 de febrero de 2012

Sobre la sexualidad y la discapacidad


Soy uno de los integrantes de Deseo y Discapacidad y antes que nada pedir disculpas por estar ausente tanto tiempo pero hay tantas actividades y deberes que se vuelve dificultoso compaginar todos las tareas.
Bueno, en respuesta a Pedro Pimentel Lobato sobre la pregunta que nos hizo sobre qué nos gusta en la sexualidad y la discapacidad, queremos aprovechar este tiempo y tratar de contestar esta pregunta. entendimiento la sexualidad y la discapacidad como aspectos ontológicos divergentes, Así que trataré de responder en términos de una opinión  personal, ya que he leído bastante acerca de como afecta la discapacidad en el ejercicio de la sexualidad, comprendiendo que mucha gente usa el término sexualidad como sinónimo de sexo o de técnicas para concretar un acto sexual o un encuentro sexual.
De modo muy general y sin querer ser dogmático, diría que yo entiendo la sexualidad como una dimensión de la persona, como un aspecto que conforma al individuo, NO veo la sexualidad como reducida al mero acto sexual, sino como un conjunto de aspectos que perfilan nuestra identidad personal y ayudan a estructurar las relaciones sociales con las otras personas, sean o no de nuestro género. Es así que aprendemos a relacionarnos con chicos y chicas a partir de nuestra identidad sexual (sea que nos gusten chicos o chicas o ambos a las vez, jeje) y a la búsqueda de momentos sexuales (por razones personales: placer, reproducción, necesidad orgánica, etc). Por lo mismo, para mi la sexualidad es un componente más de mi persona y de cada uno de los individuos.
El ejercicio de la sexualidad es algo que se debe encarar y no relegar a los dictados de los otros sino con el reconocimiento propio a partir de la identidad sexual propia. De ahi, la sexualidad en la discapacidad es otra forma de encarar las relaciones sociales y las relaciones sexuales cuando la sociedad o uno mismo le da una determinada importancia al tema de la discapacidad (cuando la sociedad entendida como los "otros" le dan una importancia inmerecida"). A mi me gusta experimentar y conocer, y espero seguir haciendolo pero personalmente nunca le he dado una importancia a la discapacidad en el tema sexual en mis relaciones personales, simplemente que para mi la sexualidad y la discapacidad nunca han sido temas opuestos ni excluyentes sino aspectos positivos de la persona. Si alguien se siente coartado, impedido por su entorno (padres, familia, cuidadores, etc.) debería preguntarse y cuestionarse  seriamente el papel que juega en ese entorno y proceder a su transformación.
Mucha gente nos explica que por miedo o vergüenza se privan de experimentar y vivir la vida, yo les invito de verdad a enfrentarse con la máxima de la energía a sus familia y a quién sea y cambiar esa realidad, a experimentar a abrirse al mundo. Es hora de avanzar, pero es hora de ser valientes y exigir lo que por derecho ya os corresponde: la libertad. Es un derecho, pero a veces se olvida que es una obligación, es vuestra obligación luchar por la libertad personal y la lucha no esperéis que la hagan otros, sino ustedes mismos. Siempre existen caminos, pero la verdad a veces se torna cansino escuchar una y otra vez que tal o cual chico o chica  tiene una gran necesidad de explorar la sexualidad y existiendo las posibilidades no dar el paso decisivo.
La sexualidad como un aspecto de la libertad personal es un derecho y es vuestra obligación velar por un derecho que tanto ha costado ganar en estas sociedades. No cayó del cielo, se esta ganando y se sigue luchando por avanzar. Pero de verdad a quien desee dar un paso adelante. darlo de verdad. Enfrentarse a quienes  les impiden este derecho, por muy amados, cercanos y temidos que sean. Pero de verdad les invito que esa dimensión cruzada entre sexualidad y discapacidad sea una encrucijada de conocimientos y experiencias reales, no imaginarias, de libertades conseguidas más que anheladas y de deseos, derechos y placeres conseguidos. Cuando la discapacidad es una barrera para ejercer el derecho a la sexualidad, debe replantarse seriamente quienes son esos obstáculos, si las deficiencias físicas o las personas a nuestro alrededor. Y la respuesta será sin ningún lugar a dudas lo último.

E. M. Alejandro

miércoles, 10 de agosto de 2011

Ligar en la discapacidad: cuando aparece el "Cuidamela"



Antes de escribir este artículo debería explicar que soy la pareja de una chica con discapacidad motriz  y por lo mismo cuando salimos ella va con su silla de ruedas. Les presentaré una palabrita que escucho a menudo. Bien, si alguien que tenga o haya tenido alguna pareja con discapacidad ojala me diga cuantas veces ha escuchado la palabra "cuidamela" ¿sabes cuantas veces he escuchado el "Cuidamela"? ufff, si me dieran una moneda por cada "cuidamela" de verdad que sería millonario. Casi no hay día en que no la escuche. El clásico personaje (familiar, conocido, desconocido, etc.) que al saludar le pregunta "¿como lo llevas?" ¿"te trata bien?", etc. Pero nunca falta esa dichosa frasesita con la que rematan la conversación "Cuidamela" y te miran como si estuvieras en su mira. Si hay algo que desmotiva y mucho cuando decides salir con tu chica cuando tiene discapacidad son esas personas.
Cierto que podría decirse "lo hacen de buena fe" y no lo dudo, pero ¿estas personas alguna vez de verdad se han preocupado por ella? es ridículo pero muchas de las personas que según intentan ayudar con sus advertencias resulta que son quienes han pasado de su cara, quienes cuando estabas sola no hacían nada, hay gente que ni siquiera conozco ¿creen ustedes que alguna vez han hecho algo real por contribuir a la felicidad de alguien con discapacidad? la verdad y por experiencia lo digo: No. Si tu tienes una chica (pareja, novia, etc) con discapacidad seguramente habrás escuchado esa bendita observación "cuidamela". Y si tienes una pareja con discapacidad, eres además quien se encarga de ser su "cuidador" (otra palabrita de la cultura paternalista) y aunque no lo seas, sabrás lo que es despertarse todos los días, absolutamente todos y sin excepción a asistir a esa persona amada en todas las necesidades de la vida diaria, desde que despiertas y hasta que se va a la cama. Todos los días.
No te mentiré. A veces de verdad necesitarás recordar que la amas. Y muchas veces. Se que no es ese cuadro romántico de las canciones adolescentes donde con el amor todo se resuelve y que no importa nada más. Aunque sin amor no lo lograrás. Las limitaciones y obstáculos físicos si que existen y si te encuentras acompañando en la vida a alguien con discapacidad sabrás que esto es verdad. Pero te  digo: A veces te faltaran las fuerzas y te sentirás fatal y te sentirás hecho polvo completamente. Entonces es cuando te das cuenta de lo ignorantes que son quienes desde la indiferencia y la ignorancia te dicen "cuidamela". Si tu tienes novio o novia con discapacidad sabes de lo que te hablo.
Esos "cuidamela" deberían ser dirigidos contra los políticos que se olvidan de cumplir sus promesas con la gente que les necesita, contra las autoridades que pasan sobre los derechos humanos de las personas con discapacidad. Esos "cuidamela" deberían ser dirigidos contra los chicos que nunca se atrevieron a decirle a la chica de sus sueños que la amaban porque no pudieron ver más allá de la discapacidad. Deberían ser dirigidos contra los padres que no les enseñaron a sus hijos  a vivir la vida y les limitan las posibilidades de disfrutar y vivir sólo porque no pueden ver más allá de la discapacidad. A los conductores que estacionan sus vehículos en las rampas y a los arquitectos e ingenieros que olvidan incluirlas en sus diseños. A los profesores, amigos, padres, familiares, políticos y legisladores debería ser dirigido esa maldita palabra "cuidamela" y, en vez de hablar, actuar.

lunes, 20 de junio de 2011

Sobre una historia de la Discapacidad III

¿Minusvalia o discapacidad? Modelo social en la discapacidad o ir más allá de lo políticamente correcto (indignación incluida). La discapacidad en tanto institución.

1

Me he desatendido ya durante algún tiempo de escribir artículos para Deseo y Discapacidad lo que no me da mucha alegría, y más cuando volver a escribir me resulta harto difícil. Pero comencemos tratando de recuperar el hilo de las cosas. Hace ya varía semanas, Un compañero español de Facebook alguien a quien aprecio y que vive en México (saludos Felipe Folch), nos preguntaba porqué todavía en algunos países como España se seguía utilizando el término “minusválido”. A grandes rasgos intentaré poner algunos elementos para esta discusión de esta cuestión que nunca pude contestar por tantas actividades y tantas cuestiones en mi vida.

Repasemos rápidamente que se nos dice de los términos “minusválido” y discapacitado”.
Las siguientes definiciones provienen de la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) en la Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías (CIDDM) de 1980 y de hecho se continúan utilizando en ciertas normativas como en el caso de la Ley de la Dependencia, para el caso español (es indignante existiendo la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF) de 2001 mucho más reciente y hecha desde otros enfoques).


Discapacidad . Restricción o ausencia de la capacidad de realizar una actividad en la forma que se considera normal para una persona

Minusvalía . Situación de desventaja de una persona que limita o impide el desempeño de un papel que es normal en su caso [en función de la edad, sexo, factores sociales y culturales].1

Para el caso, y encontrándose con tanta confusión terminológica se ha convenido de este modo reflejar tanto el aspecto médico-rehabilitador como el social,2 resaltando el carácter de esta dos dimensiones con el adjetivo “normal”: lo que hace alguien “normal” o los roles “normales” en la vida diaria. Salta a la vista la división entre los sujetos “normales” y lo que Foucault llamaría “anormales”. Y para efectos prácticos da igual que la misma Organización de las Naciones unidas modifique los términos y y conceptos en sus clasificaciones cuando algunos de los mismos países, socios y partícipes, pasan por alto estas definiciones y, más importante aún, cuando los ensayos políticos en la materia continúan dentro la la misma lógica.
Sólo así se comprenden tantos variopintos sinsentidos como el hecho que se aprueben leyes relativas a la adaptación de áreas, edificios y locales privados y públicos tanto en México como en España (cuando desde las autonomías existen ayudas para financiar la adaptación arquitectónica y de los espacios), y llegado el caso, los mismos edificios de gobierno y ayuntamientos no se encuentren adaptados (como en el caso del ayuntamiento de Palamós, España) o no exista un interés serio por hace valer las reglamentaciones. Sólo así se comprende que existan cines con rampas para sillas de ruedas que conducen a la sala pero que a la entrada de la sala haya un desnivel tan grande de que impide entrar dentro del recinto (y que nadie se digne ayudar a entrar al individuo teniendo que cambiar de sala cinematográfica). Es curioso el caso que dentro de los edificios recién construidos existan rampas dentro del edificio pero que la puerta de entrada al edificio tenga un escalón tan grande que haga imposible a la persona con discapacidad entrar al recinto y poder apreciar las bondades de las rampas interiores cuando a los encargados del diseño y construcción de los pisos olvidan fabricar la rampa de entrada (España) o que, en la Facultad de Filosofía y Letras haya un ascensor en el edificio administrativo y que, aunque existan rampas, autobuses adaptados y señalizaciones en Braille para el edificio de estudiantes no exista un ascensor para ingresar a las aulas de los pisos superiores (UNAM, México).
Estas contradicciones entre lo que se debería hacer y lo que realmente se hace, nos vuelven a remitir a nuestra hermosa y prolífica (alguien diría excesiva) tradición legislativa iberoamericana, que tiende a creer que los cambios en las leyes humanas operan como las leyes celestes, que el sólo hecho de promulgar leyes debería conduce a su ejecución y a la transformación de la realidad social, cuando la observación de los hechos nos revela resultados muy diferentes.
La correlación asimétrica de fuerzas entre el poder y los “discapacitados” produce un saber característico de nuestro mundo contemporáneo. Cabría preguntarse hasta que punto es funcional la idea de una minoría del colectivo de personas con discapacidad cuando se estima que en Estados Unidos viven cuando menos 40% de personas con alguna discapacidad. Es lógico pensar que entre mayor sea la calidad de vida de una nación mayor porcentaje de personas con discapacidad existirán y que aumentarán sus expectativas de vida conforme los avances tecnológicos, médicos, científicos, etc., se vuelven rentables.



2


Ahora bien, creo que además de diferenciar estos términos (discapacidad y minusvalía) debemos valorar su distinta antigüedad. Es más reciente el término discapacidad y alude a una situación en que se ha perdido alguna capacidad (motriz, sensorial o intelectual). El otro término es más antiguo y esta más emparentado con otras bellezas del idioma como el de “subnormal”. En este caso nos remite al sujeto que esta por debajo del umbral de normalidad, o sea, que es menos que un “normal” (lo que se entienda por “normal”). Minusválido etimológicamente vendría a ser “que vale menos”. Como podemos observar estos hermosos términos vienen a corregirnos de nuestro concepto romántico de igualdad entre los hombres (y mujeres), pues nos indica que hay seres “normales” y otros que no lo son ya que serian, por tanto, “anormales”. De allí que podamos rastrear en los términos “subnormal”, “minusválido”, “deficiente”, una categorización de los sujetos: los “normales” y los “anormales” y, muy importante, una jerarquía (estratificación) entre ellos por el empoderamiento de unos sobre otros ¿De donde procederán estos términos? ¿cuales serían sus estratos arqueológicos que han dado la pervivencia de estos frente a otros más recientes como “discapacidad” o el otro aun más nuevo de “capacidades diferentes”? ¿de qué modo se integrarían estos cambios dentro de una historia social de la discapacidad? ¿estos términos reflejan ideologías o sociedades concretas y desaparecidas o por el contrario, a una sociedad siempre diferente pero siempre la misma? ¿Marginalidad y marginalización de las minorías ayuda a crearse, autoafirmarse y perpetuarse como sociedad al crear categorías sociales que permiten la continuidad de las instituciones sociales? Y si entendemos, en el sentido sociológico que la sociedad es la suma de sus instituciones ¿el conjunto de los instrumentos e instituciones sociedades que conforman la discapacidad, en tanto institución y no sólo como una palabra de designa y subjetiva este conjunto de instituciones que se nos aparece transfigurada como “la discapacidad” ¿podríamos decir que la sociedad y particularmente los instrumentos de regulación social crean esta prefiguración del individuo “discapacitado” o que “cursa una discapacidad” (como si fuese un espíritu que le ha poseído)? En suma ¿es posible que la sociedad cree a sus delincuentes, enfermos, locos y “anormales” como consecuencia necesaria de su autoreconocerse, de identificarse a sí misma (a través de la identificación de sus periferias, es decir, del Otro)? Es decir, identificar lo otro no deseado (temido) para reconocer un sí mismo deseado y autorealizado (autorealizándose) y así tener una coherencia biográfica en la historia de la sociedad y de la civilización.3 En este reconocimiento de la categorización que hace la sociedad de sus individuos y la relación de fuerzas entre ellos, situaríamos a los reconocidos como “normales” frente a los que llevan la marca visible de su “no-normalidad” a través de las señales (físicas, conductuales y ortopédicas) con que serían caracterizados dentro del conjunto de conductas, instrumentos y mecanismos que producen un saber que sirve y articula lo que conocemos como “discapacidad”. En este sentido las distinción sobrepasa otros tipos de caracterización de los roles y papeles, como en el caso de las minorías sexuales, que aceptan o no su diversidad en tanto una lucha o una aceptación. También nos hallamos en la antípoda con el delincuente que realiza un acto no legal y que es tipificado a través de ese acto. Distinta del enfermo aunque la valoración y parecidos puedan prestarse a confusión (aunque la construcción arquitectónica del enfermo la representa el hospital y sus mecanismos de rehabilitación y control) Distinta (aunque con semejanza) de la caracterización del loco que es diagnosticado a partir de su comportamiento “no normal”.4 Me doy la libertad de hacer la siguiente cita.

Una de las primeras ideas que nos surgen para empezar el abordaje de la discapacidad es el de la dicotomía normal - anormal. Esta distinción es también frecuente en el vocabulario común para referirse a una persona discapacitada como una persona que no es normal. Michel Foucault, en sus cursos de 1974/1975 en el Collége de France, se dedica a estudiar la categoría de “anormales”, incorporada en Francia en el siglo XIX en los documentos de las pericias médico legales. Los “anormales”, explica Foucault, no están en un campo de oposición sino de gradación de lo normal a lo anormal[1]. Su existencia en el discurso no remite a los saberes de la medicina y el derecho en sí, sino a una práctica particular que adultera la regularidad de la institución médica y legal. Esta práctica, la pericia legal, propone un nuevo objeto de estudio, ya no “delincuentes” o “enfermos”, sino lo dicho, “anormales”.
Este término se liga al funcionamiento de un poder que el autor llama “poder de normalización”, activando así una instancia de control sobre esta nueva categoría de personas. La “anomalía”, en tanto dominio que comienza a verificarse en el siglo XIX, se constituye a partir de tres elementos o figuras: el monstruo humano, el individuo a corregir y el niño masturbador. Con respecto a lo que aquí nos interesa, Foucault encuentra en el derecho romano una distinción jurídica entre el monstruo y el lisiado, el defectuoso, el deforme, es decir, lo que hoy llamamos discapacitado. Esta diferencia radica en que el monstruo representa una mezcla de la especie humana y la animal, la mixtura de sexos, etc.[2] Está fuera no sólo del orden de la naturaleza sino también de la ley. El lisiado, por el contrario, está contemplado por el derecho civil o canónico, aunque transgreda las leyes naturales.
Si se piensa en el discapacitado como objeto de la ley, no natural, sería imprescindible volver sobre ese proceso histórico que Foucault desarrolla, que es el “proceso de normalización”[3]. Luego de analizar las organizaciones disciplinarias como dispositivos de una técnica general de ejercicio del poder, el autor señala que esos aparatos disciplinarios tienen efectos de normalización. La norma, en tanto portadora de una pretensión de poder, no se define “como una ley natural, sino por el papel de exigencia y coerción que es capaz de ejercer con respecto a los ámbitos en que se aplica”[4]. Siguiendo a Canguilhem, Foucault reconoce la existencia en el siglo XVIII de un proceso general de normalización política, social y técnica que tiene efectos tanto en la educación (escuelas normales), la medicina (hospitales) como en la producción industrial.
Si se piensa hoy en los discapacitados, son éstos individuos definidos por una instancia de poder, médica y legal. Si se sigue a Foucault en este aspecto, habría que sostener que la norma que los califica también pretende corregirlos, que no los excluye ni los rechaza, sino que se los somete a técnicas positivas de intervención y transformación.

A cada una de estas categorías corresponde una construcción arquitectónica, ya sea, la cárcel, el hospital o el manicomio. Ahora pensamos cuales son las similitudes y las características que comparten estas construcciones y sus dispositivos de control y rehabilitación y de obtención de saberes con el recinto del que es “anormal”.
Debemos también pensar en la relación entre esta caracterización de la persona “anormal” que llamaremos en adelante “discapacitado” (aunque lo más adecuado sería “que tiene una discapacidad” pero el dialogo cotidiano, los libros y publicaciones casi siempre usan el termino corto “discapacitado”); como decía, esta relación entre la caracterización, del rostro que se pone a la discapacidad, del tipo de saber que se desea obtener y la relación de fuerzas que se estructuran en torno a este ámbito; digamos, del poder que se erige sobre esta voluntad de saber y que establece las relaciones de poder entre los sujetos e instituciones sociales.

3

Y la matización que supone yuxtaponer un término (discapacidad) sobre otro (minusvalía) sin articular un verdadero cambio cultural en la sociedad ni en la connotación, nos aparece como una cierta y triste pantomima de dignificación y tolerancia. Sin modelos pedagógicos que promuevan el teórico cambio nos parece que es sobre todo uno de aquellos ficciones de la palabra, en que se usa el término políticamente correcto para la misma cosa de la que no cambió su concepto. De allí la confusión y la perplejidad que representan diferentes términos pero articulan el mismo discurso, un discurso que se basa en pretendida tolerancia que como dijo la feminista Francesca Gargallo: termina siendo un “no” postergado”. Qué tanto de esto obedece o es resultado o permite preservar un complejo de culpa formado al interior de la misma civilización debería ser un asunto que deba analizarse quien se proponga realizar una historia de la discapacidad. Pero esta culpa debe analizarse, de existir, en relación con los discapacitados (con su mirada). Por ejemplo, analizar el rol de las “ayudas” que brinda la sociedad y los Estados, ya posicionados como la otredad respecto de los “discapacitados” (los que necesitan ser ayudados). En la vida diaria y en los consultorios observamos que los sujetos ayudan, no en relación con su grado de bondad, sino para quitarse el complejo de culpa, la culpa que sienten por estar dentro de los “normales”, los “que pueden”, “los que tienen” y que tienen la facultad de poder, respecto de los que “no tienen” o que “no pueden”. La experiencia nos hace entender que la gente no ayuda al mendigo por su grado de bondad sino para no sentirse culpable de echarse el pan a la boca ¿De qué modo se resolvería esta culpa dentro de la relación sanos-enfermos, normales-anormales, discapacitados-no discapacitados, o mejor dicho, entre normales-no normales? ¿Puede rastrearse esta relación de culpa hacia los discapacitados en una historia de la discapacidad? ¿si existiera una reciprocidad en que estrato arqueológico de nuestra civilización lo encontraríamos? Con relación a la discapacidad ¿existe un malestar en la cultura respecto de los discapacitados que se traduce en una relación que oscila entre la compasión-marginalización de los actores sociales? ¿cómo se verificaría en la biografía de los individuos? De lo que representa la discapacidad, de lo que ha llegado a ser, de sus conformaciones y periferias, del sí mismo y de la otredad de la discapacidad. Y en esta reflexión de la culpa como síntoma del malestar en la cultura (la civilización) que llegamos a otro punto que debemos continuar en otro momento.


Emmanuel Muñiz Alejandro

1Abellán García, Antonio; Hidalgo Checa, Rosa María, “Definiciones de discapacidad en España”. Madrid, Informes Portal Mayores, nº 109. [Fecha de publicación: 10/06/2011], p. 3.
2“A veces la confusión terminológica demuestra un cierto desinterés por los marcos conceptuales, o bien el condicionante de términos antiguos extendidos y consolidados entre la población. El mismo término (por ejemplo, minusvalía) sirve para explicar conceptos diferentes (problema anatómico, problema funcional, incapacidad para desempeñar un papel social), o bien diferentes términos (deficiencia, discapacidad, minusvalía) se utilizan indistintamente para explicar un solo concepto, como tener una anomalía funcional. En líneas generales se siguió el marco conceptual de la CIDDM de 1980 durante mucho tiempo (Alba y Moreno, s.a.; Palacios, Abellán y Esparza, 2008). Sólo recientemente se abandona oficialmente el término minusvalía, debido a su connotación peyorativa y utiliza en su lugar “discapacidad” como término genérico que incluye déficits, limitaciones en la actividad y restricciones en la participación (RD 1856/2009)”. Sin embargo nos gustaría aportar pruebas de que ell término minusválido se sigue utilizando en España en documentos oficiales. Sería interesante averiguar la razón de esta duplicidad terminológica. Ibíd, p. 5.
3 A semejanza del individuo que se afirma reconociendo la otredad, y de esta identificación temporal con uno mismo ser coherente con la biografía personal discriminando los hechos vividos como pertenecientes o no a nuestra biografía, valorándolos y reificándolos en el sentido de una coherencia para poder seguir viviendo.
4Existen muchas similitudes entre el papel del loco y el que Foucault llama anormal. De hecho también en el recinto que le representa (el manicomio) y los centros para gente con discapacidad.





viernes, 27 de mayo de 2011

Discapacidad y Porno: traducción del blog de Gimp Parade


En esta entrega ofrecemos nuestra traducción sobre el artículo original títulado en inglés: Disability and Porn y es una reflexión sobre el artículo escrito por Wheelchair Dancer, titulado en inglés “Disability Porn: The Observer del 25 de junio del 2006 a raíz de un artículo publicado en el diario británico The Observer. Como la corrección del traductor de Google no es lo mejor nos proponemos partir de esa base y corregir la traducción para así ofrecer un contenido comprensible. Se acepta el debate y esperamos les agrade el resultado.



Discapacidad y porno

Miércoles, 28 de junio 2006


Wheelchair Dancer escribió acerca de la discapacidad y la pornografía a raíz de una nueva película porno española titulada Rompiendo Barreras que está haciendo algunas noticias. La mayoría de los post de Wheelchair Dancer va a discutir "pretendientes" y "devotos" (un tema sobre el que, concretamente tampoco tengo una opinión formada), pero ella dice esto acerca de la discapacidad y la pornografía:

Estoy en conflicto.

Por un lado, creo que es importante para las personas con discapacidad que sean considerados seres plenamente sexuales. Ellen Stohl ha logrado parte de este trabajo cuando apareció en Playboy en 1987 ¡Y no hubo ningún alboroto! Desde la comunidad de discapacitados (toda explotación a la silla de ruedas insuficiente [la frase me fue difícil traducir]) y de aquellos que se oponen a la pornografía en principio. Por otra parte, mientras que por lo general mantengo una actitud sexual bastante positiva y puedo y entiendo, incluso simpatizar, con los argumentos que interpretan el trabajo sexual como una opción positiva para algunas mujeres, sé que el trabajo sexual no es siempre positivo, que el espectador no puede saberlo desde su perspectiva de la situación, y que en la vida diaria no siempre [casi nunca] están protegidos los derechos de todos los trabajadores sexuales. Esto limita mi capacidad de ir a por pornografía sin muchas, muchas reservas.


A excepción de la subestimación de esta última frase, estoy completamente de acuerdo con la Wheelchair Dancer (Bailarina en Silla de Ruedas): Estoy en conflicto. En cuanto a Encarna Conde, mujer con discapacidad de 45 años, protagoniza la película española que parece haber tenido una experiencia positiva:

"Fue muy agradable, aunque yo era un poco cobarde", dice Encarna. Sin embargo, inusualmente en una película porno, Rompiendo Barreras termina con una conversación seria entre Encarna y su productor. "Las mujeres con discapacidad tienen que dar pasos adelante y uno siempre debe ser feliz si se rompe una barrera", dice.

Como estudiante universitario, tomé una asignatura optativa denominada "Sexualidad Humana", impartido por un viejo de alrededor de cincuenta años de experiencia como consejero de parejas. Esto fue a finales de 1980 y gran parte del curso giró sobre el SIDA y el sexo seguro, pero el foco principal de todos los temas fue la buena comunicación entre las parejas sexuales. Escuchamos a un panel que incluyó transexuales y fue muy informativo. Y vimos una película de un hombre y una mujer que tiene relaciones sexuales con el fin de proporcionar, dijo el profesor, un elemento visual para que todo el mundo estaba absolutamente claro en lo que el pene en la vagina en realidad implica en las relaciones sexuales. Desde entonces, he aprendido de una pareja de amigos trabajadores sociales que hay, de hecho, personas casadas por ahí que piensan que han estado teniendo sexo PIV [sexo pene-vagina, lo que conocemos como sexo vaginal], pero lo han estado haciendo mal.
En ese sentido es la misma vena educativa, sobre todo porque conocidos y extraños a veces molestan con preguntas sobre la discapacidad y el sexo (y el embarazo y el orgasmo, etc): Estoy en conflicto ¿La incorporación de personas con discapacidad en la pornografía ayuda a las personas con discapacidad? ¿Ayuda a las mujeres con discapacidad a ser vistas menos asexuales? ¿Es educar a las personas sin discapacidad sólo ayuda a crear un mercado fetichista más grande?

Recuerdo haber estado en conflicto sobre Ellen Stohl hace 20 años también. Por supuesto, el porno es un ejemplo extremo pero yo soy escéptico cuando las mujeres con discapacidad se rebajan a sí mismas cosificándose a sí mismas donde sea con el fin de participar plenamente en la sociedad como mujeres, que creo que es lo que sucede con el concurso Miss Señorita Silla de Ruedas. Y eso también puede suceder en la fotografía, ya sea en Playboy o algún otro foro, si la expresión de la belleza femenina sigue las expectativas culturales de lo que es bello. El proyecto The Raw Beauty Project, (1) como una exposición íntegra, se las arregla para expresar su individualidad sin servir demasiado a las expectativas de belleza convencional, aunque creo que restó importancia a la discapacidad yendo por esa línea artística. Me encantaría ver la exposición completa.
(1) Raw Beauty Project es el producto de la colaboración entre 22 mujeres con diversas discapacidades y 10 fotógrafos en Miami, Florida. El libro busca esta publicado con la finalidad de recaudar ingresos para en Centro para la Vida Independiente del Sur de Florida (Center for Independent Living of South Florida).

miércoles, 4 de mayo de 2011

Porno discapacidad: The Observer. Traducción del blog de Wheelchair Dancer

En esta entrega ofrecemos nuestra traducción del artículo escrito por Wheelchair Dancer, titulado en inglés “Disability Porn: The Observer” del 25 de junio del 2006 a raíz de un artículo publicado en el diario británico The Observer. Como la corrección del traductor de Google no es lo mejor nos proponemos partir de esa base y corregir la traducción para así ofrecer un contenido comprensible. Algunas notas mías están entre corchetes […]. Al término pretender es difícil asignarle una palabra adecuada y con todo se eligió como su traducción “farsante” o “pretendiente”, esperando se acerque a la idea de un pretender. Se acepta el debate y esperamos les agrade el resultado. Antes agregamos una cierta definición de lo que es un pretender para así dar una mejor idea del artículo de la Bailarina en Silla de rudas.

El Pretendiente.
El pretendiente es alguien que se siente atraído por el estado de invalidez, es decir, por la forma de vida del discapacitado, aunque sólo tiene la necesidad de experimentarlo por sí mismo de vez en cuando. Puede llegar a comprarse muletas, bastones, e incluso silla de ruedas para poder realizar sus fantasías. Suele ser ésta una actividad oculta hecha en secreto en su propia casa, aunque sólo algunos más atrevidos son capaces de aventurarse a salir a lugares públicos, incluso pueden llegar a viajar a otra ciudad lejos de su sitio de origen, donde nadie les conozca, para actuar como discapacitados. El estar en la diana de miradas fijas y curiosas se convierte en un verdadero placer para él, pero esta sensación placentera la mayor parte de las veces se se ve empañada por serios sentimientos de culpabilidad. (1)



Ahora si:


Domingo, 25 de junio 2006
Discapacidad Porno: El observador

El periódico El Observador del domingo tiene un artículo sobre la discapacidad y la pornografía.
La nueva estrella es Encarna Conde: "Su primera película, Rompiendo Barreras, es, sin embargo, ya objeto de un debate en los foros de Internet e incluso hubo páginas enteras dedicadas a ella en la prensa española. El motivo del escándalo es que Encarna es un usuario de silla de ruedas que tiene un trastorno del control muscular llamada ataxia. Es también presidente de la Federación Andaluza de asociaciones de Ataxia.

El tono de todo el asunto es de una de felicitación desconcertada. Otra barrera rota. Otra cosa que las personas discapacitadas locas hacen, ¿recuerdan la cobertura de las críticas hacia el Gobierno danés sobre pagar a las personas con discapacidad para tener relaciones sexuales con trabajadores sexuales profesionales?

Estoy en conflicto.

Por un lado, creo que es importante para las personas con discapacidad que sean considerados seres plenamente sexuales. Ellen Stohl ha logrado parte de este trabajo cuando apareció en Playboy en 1987 ¡Y no hubo ningún alboroto! Desde la comunidad de discapacitados (toda explotación a la silla de ruedas insuficiente [la frase me fue difícil traducir]) y de aquellos que se oponen a la pornografía en principio. Por otra parte, mientras que por lo general mantengo una actitud sexual bastante positiva y puedo y entiendo, incluso simpatizar, con los argumentos que interpretan el trabajo sexual como una opción positiva para algunas mujeres, sé que el trabajo sexual no es siempre positivo, que el espectador no puede saberlo desde su perspectiva de la situación, y que en la vida diaria no siempre [casi nunca] están protegidos los derechos de todos los trabajadores sexuales. Esto limita mi capacidad de ir a por pornografía sin muchas, muchas reservas.

La perspectiva de la discapacidad es lo que me molesta: el periodismo de esta manera -y tal vez la película en sí proporciona mucho pasto [alimento] para una comunidad bastante grande de farsantes o pretenders [se podría decir que un pretender es alguien que disfruta, siente placer o se excita fantaseando con tener una discapacidad, “disfrazándose” de “discapacitado”] y fetichistas de las sillas de ruedas. Sí, ejecutar esta búsqueda en Google y pronto verá lo que quiero decir. Y, sí, ya sé que hay distinciones entre wannabees, pretenders, fetichistas, y los devotees [alguien que fantasea o siente placer o se excita con las personas con discapacidad]. Por ahora, sin embargo, estoy vinculándoles con un grupo de personas a quienes la discapacidad porno quizá es importante.

Ok. Más renuncias. Creo que Ian Hacking fue quien alguna vez afirmó que los diagnósticos psiquiátricos son un auto-cumplimiento de los bucles [Schultz]. Es decir, que no hay ninguna enfermedad hasta que haya un diagnóstico (me parece que en su libro ¿la construcción social de qué? aunque teniendo en cuenta lo que sé sobre la historia de cosas como la enfermedad de Alzheimer y la esquizofrenia, soy parcial en algunos de estos puntos). Sin embargo, por ejemplo, sí creo en la posibilidad del BIID (trastorno de identidad de la integridad corporal). Yo no soy un estudioso de estos temas, yo recomiendo la lectura de los trabajos de la discapacitado (amputado) y académica feminista, Alison Kafer:


Para algunos estudios más prosaicos sobre estos temas leer a Carl Elliott en The Atlantic (requiere suscripción) y a Robin Marantz Henig en el New York Times (también requiere suscripción).
Me preocupa el efecto sobre aquellas personas que tenemos discapacidad. 
No estamos allí para su placer sexual, tengo un amigo que elimina toda referencia a ella misma (en la medida de lo posible) de la Internet porque no dejaba de recibir mensajes escalofriantes de los devotees.

Mi silla no es un objeto sexual. Quiero ser visto por mí mismo. No por mi discapacidad.

Estoy enojado con estas personas, parásitos de unos derechos civiles tan duramente ganados, porque la discapacidad, para ellos, es una elección. Un estilo de vida ideal… Por ejemplo, vi un pretender preguntando cómo un "ruedas" puede gestionar un viaje seguro en el metro de Nueva York. Esto acabó por cabrearme. El metro es tan jodidamente inaccesible, las veces que he estado atrapada cuando el ascensor está roto, cuando he arriesgado mi salud al arrastrarme por mí misma escaleras arriba, cuando he tenido que pedir ayuda para llevar a mi silla, cuando tengo que salir deliberadamente de mi ruta porque he tomado el tren equivocado y las próximas 12 estaciones son inaccesibles y no puedo ni siquiera pensar en caminar ese día ¿Todo esto? Y esta persona está esperando que alguno de nosotros le responda cómo podría imitar parte de nuestro mundo? (La he googleado y la encontré en un sitio de pretenders [pretendientes o farsantes]). Ella no vive la lucha diaria de tratar de conseguir un taxi, de que las cosas estén fuera de su alcance, inaccesibles y si ella lo experimenta, lo hace en una parte agradable de su mundo. Algo que ella interpreta como una auténtica experiencia de la discapacidad. Mierda
No me gusta la ficción silla de ruedas de los “pretendientes” [pretender]: el placer del pretendiente deriva de la pasividad, del despertar de un estado imaginario de indefensión, el placer en la respuesta simpática y compasiva de la gente de la calle, del erotismo situado en la pasividad y la impotencia, imaginando un programa intestinal . Y sí, he leído sobre eso - y estoy molesto por el hecho de que casi todos los escritores trabajan desde una comprensión negativa de la vida con discapacidad, reviviendo viejos y cansados estereotipos, que no tienen una comprensión activa, positiva, de la cultura de la discapacidad. Estoy convencido que casi todas las obras que he leído imaginan relaciones sociales, sexuales y profesionales desde una posición de pasividad, auto-negación y fuerte sufrimiento. CONSIGANSE UNA VIDA.

Y por cada mujer que es una farsante (pretender), hay una serie de mujeres que son dictaminadas por los profesionales en la medicina en que todo está en sus cabezas. Al leer los tablones de anuncios y foros (y en mi propia experiencia), ahora también muchas mujeres siguen siendo objeto de un "diagnóstico de histeria”. El ser “pretendiente” [pretender] no es la causa, pero la sensibilización de la opinión pública aumenta sobre el tema, y sin duda no ayuda.
En esa falsificación [ser pretender] explotan la buena voluntad de la gente (incluso la buena voluntad nace de estereotipos erróneos), ser pretender es una violación de la confianza social que tenemos hacia el otro. Es hora de la cena. El asistente está sonriendo suavemente. Tenemos planeado entrar ir al centro y comer en un restaurante. Me pregunto si alguien nos mirará y se preguntará si soy una farsante [pretender] o si él es un devotee.
Con amargura.
Bailarina en Silla de ruedas [Wheelchair Dancer]

(1) “Devotee es el nombre que se utiliza en general para:”, <http://www.imagina.org/archivos/sexual/devotee.htm> (4 de mayo de 2011).

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